
La pesca de la gamba es quizás la actividad extractiva más destructiva que realiza el hombre. Para su captura se emplean redes de arrastre de fondo. Estas redes disponen de unas grandes placas de acero y unos pesados rodillos que revuelven y destruyen los fondos arenosos atrapando todo lo que encuentran a su paso. La gran mayoría de lo extraído es devuelto muerto al mar: gusanos, crustáceos, estrellas de mar, pequeños peces,… Se calcula que por cada kilo de gambas se producen 4 kilos de descartes. Es como recoger setas en el bosque con una excavadora. Se están destruyendo unos ecosistemas muy frágiles a un ritmo endiablado y sin que el consumidor sea consciente del problema.
Es necesario que los ciudadanos conozcamos las consecuencias que tiene la disponibilidad de un producto en el mercado, hemos de exigir información, y en base a ella consumir de una forma consecuente. Esta necesidad se hace más importante en los productos de origen marino, porque algunas personas ignoran u olvidan que se trata de animales salvajes que han sido cazados.